Adelante

Puedo ver las cosas pasar sin sentido y a lo lejos.

A veces me acerco y la curiosidad acerca de la palabra dicha despierta en mi una extraña sensación de remordimiento. Me desvanezco cuando debo hacerlo y me marcho sonriendo.

Luego, a veces, en plena noche, me despierto a las 4.40 de la mañana con la garganta insoportablemente seca. He pensado que es el miedo, a la oscuridad y al hecho que he estado solo los últimos 15 años de mi vida. 15 años, 15 largos años. Y la vida ha sido dura conmigo.

En todo caso, he conocido el amor como dos veces, aunque de la primera no estoy tan seguro.

En realidad nunca he sido muy apasionado con el amor. Quiza, por el hecho de que no me llenan de gozo y alegría como la literatura y la música que todos estos años han vuelto mis amantes, leales y sinceras. No pido mucho, solo deslizar mi mano sobre una piel extraña que produzca en mi una sensación inevitable y repele el miedo al dolor. Sin embargo, el extasis que me produce solo imaginarlo, me causa algo de miedo. Recuerdo a mi primer amor, solia llamarla mariposa. Nunca supe su nombre y solo la vi un par de veces en mi adolescencia, era una niña pequeña que cantaba en los camiones y fue amor a primera vista. Ella reia conmigo, eso fue mi primer amor. El primero y el inolvidable. Deducido al hecho de que nadie, me había tomado la importancia necesaria para obtener de mi una sonrisa e interés.

Tuve un par de putas con las que pase buenos momentos, aunque en el fondo me sentía enteramente vacio y sin razón para vivir. Fue premeditado.

Recuerdo esas calurosas noches en el café, mis cigarrillos, cafeína en el cuerpo y las calles atestadas de gente que caminaba feo, eran feas y tenían algo en los pies que les hacia ir de prisa, como si estuvieran desesperador por morir. Yo salía y observaba lo único bello que ha tenido el mundo por desgracia. El cielo, las aves, el viento y la música de Chopin en mis oídos. En mi morral, alguna buena colección de Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire. Me sentaba a darles comida a las aves como un viejecito de 70 años, cuando en realidad solo tenia 21. Era extraño, profundamente como la biblia y como yo. Solo yo.

Ahora tengo 36 años. Tengo una esposa dedicada a la salud que me espera en casa con una hija que tiene la misma sonrisa que yo a sus 8 años. A mis 8 años. Una esposa amada y que no ha perdido su belleza durante los últimos 22 años de la cual tengo aun memoria de ella. La amo, infinitamente y estas notas son porque no tenía mucho que hacer, me encuentro en la primera mesa que da para la calle, del café en el cual he meditado durante mis últimos 14 años. Tengo en mis manos, una extraña lista de locos, que parecen estar mas cuerdos que yo, y que solo asisto diciendo ¿crees que es lo mejor para ti?.

Porque, luego por la noche, suelo ser la misma persona. Preocupada, encantadora, romántica e irresistible. Así

soy. Me he preguntado si existe alguien que se tome un minuto en su habitación a solas, imaginándose la soledad de la perdida eterna, de la no-compañía durante su vida.

Ahora, la vida es plena, sencilla, como debe ser. Sonriendo, amando y soñando. Dejando atrás aquella lista de banalidades que deberían ser mas joviales que pesadas.

 
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